Los sucedáneos. Parece que son, pero no son lo que parecen. Imitan cosas originales, pero son sólo sucedáneos. Es lo que nos ocurre a nosotros cuando no nos tomamos las cosas de Dios en serio. Vamos a Misa, pero sin estar a lo que estamos. Rezamos, pero sin convencimiento ninguno..., por cumplir, sin toda la fe que la oración requiere.
El amor a Dios no puede convertirse en un sucedáneo, sino que tiene que ser un amor auténtico, original, como cuando tomamos una buena cerveza fría en el mejor momento del día.
Muy bueno!!! suele pasarnos...:distraccion, por cumplir, por tenerlo ya hecho y a por otra cosa...Cuando tenemos presencia de Dios eso no puede pasarnos...Gracias por el blog que, de una manera amena, nos recuerda la esencia de lo que creemos y como vivirlo.
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