
Nos envía este relato una médico, que nada más acabar la especialidad se fue unos meses a ayudar a la gente más necesitada en aquel país (para leer el relato pincha aquí). Qué buen modo de recordar que hay que darse a los demás estemos donde estemos, y dar gracias a Dios por todo.
Los mejores ojos y las mejores sonrisas las he visto en países donde no había nada, en algunos ni casa. La mayor generosidad también la he encontrado allí. Desde allí mi vida resultaba artificial y ridícula, pero luego vienes aquí y de nuevo la comodidad y el materialismo se me pegaba como un chicle.
ResponderEliminarCuánto complicamos la vida, que sólo son dos cosas importantes!
Gracias! Me ha entrado morriña de otros lugares y de otro estilo de vida más sencillo.
Impresionante el testimonio.
ResponderEliminarY surge la vergüenza ante el recuerdo de tantas malas caras que he puesto cuando creía que no era justo, que yo recibía menos, o me tocaba trabajar más, o siempre me toca a mi, o los otros también podrían ...
Y gracias a Dios, también surge el propósito.
(gracias, ya he podido entrar en el el enlace¡¡