La soledad a veces aporta cosas buenas. Hay ocasiones en que uno debe quedarse a solas y pensar y rezar. A veces es necesario (quedarse a solas sin razón es egoísmo). Pero cuando tenemos una alegría o un disgusto importantes hay que compartirlo enseguida. Si es una alegría hay que compartirla porque así alegramos a otros; y si es un disgusto hay que compartirlo porque así pesa menos. En realidad nunca estamos solos; Dios quiere compartir todo lo nuestro.
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