A veces nos pensamos que lo somos de verdad, cuando nos van bien las cosas, mejoramos en algo, o logramos un objetivo que nos habíamos propuesto. ¡Qué bueno es que en esos momentos de "aparente triunfo", le demos gracias a Dios por lo que nos da, y nos acordemos de Él sin atribuirnos méritos que no son nuestros... ¡No te olvides que el Titanic se hundió!
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