En un colegio donde estuve hace años, había un día en el que llevaban unas ovejas para que las niñas las pudiesen ver y tocar. Volvían a casa -las niñas- emocionadas porque había tocado la lana de la pobre oveja, que volvía también a su casa, me imagino yo, agotada de tantas muestras de cariño de las casi ¡dos mil niñas!
Tenemos que descubrir el valor de las cosas corrientes y ordinarias en todo y no convertirnos en personas complicadas. Apreciar el valor de lo sencillo, sin crearnos "necesidades" que nunca son "necesarias".
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