¡Cuántos
días de la Marmota hay en nuestra vida! Hombre; no tiramos el despertador ni lo destrozamos a golpes, pero ... ganas nos entran, a veces... Hay que salir vencedores en esa
primera batalla del día y levantarnos en cuanto esa
máquina tremenda haga sonar sus terroríficos mecanismos.
Tampoco hay que exagerar, porque madrugar, cuando uno se acostumbra, es una de las cosas más gratificantes del día. Y no te olvides de ofrecer a Dios ese pequeño sacrificio.
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