Quedamos mal cuando nos equivocamos, o cuando calculamos mal la reacción del otro. Es importante saber reírse de uno mismo y no dar excesiva importancia ni a los éxitos, ni a los fracasos. Ahora los que hacen coaching venden estos consejos a precio de oro, pero son los que siempre nos dieron nuestros padres y abuelos, y valen, eso es cierto, una fortuna.
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