y también las de nuestra fe. A veces nos encontramos con gente que no quiere escuchar; es verdad. Pero otros tienen ideas poco claras, equivocadas, o totalmente disparatadas sobre la religión católica. Y la culpa no siempre es suya, sino nuestra: no nos explicamos bien. Si fuéramos con el ejemplo por delante... todo sería más fácil.
Ana Pastorcilla al final lo entiende todo muy bien.
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