Son inevitables. Sirven para evaluar los conocimientos que hemos ido adquiriendo durante el año. No se conoce hasta ahora una fórmula mejor de demostrar lo que uno ha aprendido. No nos gustan. Nos asustan y nos ponen nerviosos.
Mantén la calma. Nunca una prueba es injusta, porque sólo es eso: una prueba.
Ofrece esos nervios y vete con toda la paz del mundo a hacer esos exámenes, que te saldrán muy bien, ya lo verás.

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