lunes, 18 de agosto de 2008

Sufrimiento

El dolor es un misterio. Sufrir sólo tiene sentido cuando tiene sentido. Conseguir una medalla olímpica lleva consigo mucho sacrificio, pero vale la pena, ¿Vale la pena? Subir un monte cuesta mucho -es lo que hago estos días-, pero sí, vale la pena. Los médicos siempre curan haciendo daño: una inyección, un amargo jarabe, una dieta o una operación; pero vale la pena. Dios, que es médico, también nos saca las muelas picadas del alma con el dolor. En el fondo todo sufrimiento es purificador y bueno si sabemos pensar en su sentido.

domingo, 3 de agosto de 2008

Autenticidad

Es lógico y natural que nuestros amigos influyan en nosotros, también nosostros influímos en ellos. Los hombres nos contagiamos cosas..., también enfermedades. Tenemos que procurar que nuestras convicciones más profundas, estén libres de influencias nocivas. Puedo tomar de otro una expresión que me gusta, puedo imitar su forma de vestir, o su peinado, pero no debo tomar su agnosticismo o su costumbre de mentir. Sería absurdo, sería como dejarse contagiar una enfermedad. Eso se llama una mala influencia.
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El alcohol

El viernes al volver a casa vi a cierta distancia a unos chicos bastante jóvenes que iban muy alegres. Es bonito ver gente alegre, pero estos iban demasiado alegres, la cosa no era natural; quiero decir que iban borrachos, en fin... Yo comprendo (no comparto) que un adulto lleno de problemas encuentre cierto desahogo en tomar unas copas (contadas), pero... ¿unos chavales? El sentido de la vida no se encuentra en el fondo de un vaso, ¡ojalá fuera tan fácil! El sentido de la vida hay que buscarlo, pero en otro sitio: en el fondo de uno mismo, y eso no resulta tan embriagador. Me vienen a la memoria unas palabras de Fausto a Mefistófeles: no quiero la felicidad, quiero el vértigo.

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viernes, 1 de agosto de 2008

Jesús llama

“¡No tengáis miedo de decir que “sí” a Jesús, de hallar vuestra alegría en hacer su voluntad, donándoos completamente para llegar a la santidad y usando vuestros talentos al servicio de los demás!”.
(Benedicto XVI en Sidney julio 2008)
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INTENTARLO OTRA VEZ

La historia del mito de Sísifo consiste, resumiendo, en un hombre condenado a subir una piedra a lo alto de un monte. Cuando casi ha llegado, la piedra se le cae rodando hacia abajo. Y así siempre. Es una buena historia; una historia aprovechable. El cristiano se pasa la vida luchando por ser mejor, pero una y otra vez caemos. Conviene saber que lo importante no es hacerlo todo bien, sino intentarlo de nuevo otra vez.




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