Sorprendente que en estas maquinitas, que algunos tanto adoran, y por las que otros siente repugnancia, con solo tocar baste para que funcionen.
Somos de la generación de Santo Tomás: "si no meto mi mano en el Costado abierto y mi dedo en el agujero de los clavos, no creeré" (cfr Jn 20, 25).
Y otro Tomás, el de Aquino dirá en un precioso himno sobre la Eucaristía: "Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza"
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