Importante siempre. No es una virtud negativa de no hacer, que evite peligros, que frene la audacia, sino que es el hábito operativo que nos lleva a poner los medios adecuados para conseguir un fin. Y en esto está incluida la audacia, lanzarse con magnanimidad a objetivos arduos y costosos.
Aquí un ejemplo de prudencia a las riendas...
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jueves, 7 de noviembre de 2013
viernes, 7 de enero de 2011
Prudencia
No me gustan estos anuncios de la DGT. Me parecen siempre muy trágicos, pesimistas, alarmistas y negativos. Quizá haya que hacerlo así para que nos enteremos de la importancia que tiene esta virtud de la Prudencia. Yo prefiero alabar el alcance y la trascendencia de esta virtud (que no valor), que aparece en muchos campos de la vida: Es prudente el audaz, el responsable, el que se arriesga, quien se pone metas altas, quien dedica el tiempo que no le sobra a los demás, quien sabe dar de lo suyo...
Y podríamos seguir rato y rato...
Y podríamos seguir rato y rato...
viernes, 27 de noviembre de 2009
Rápido, rápido
¡Y es que vamos así a todas partes! Pensamos que por correr van a acabar antes las cosas o vamos a poder hacer más.
Y no. Ya lo decía el poeta: "Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas" (A. Machado).
Y no. Ya lo decía el poeta: "Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas" (A. Machado).
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Prudencia
Todo tiene su riesgo. A veces sucede lo que no esperamos, cuando menos lo esperamos y del modo que nunca esperaríamos que ocurriera.
Hay que estar preparados y ser prudentes. Pero sin olvidar que la prudencia es, según Aristóteles, "un hábito por el que el entendimiento determina lo que hay que hacer para conseguir el bien". El prudente no es un mediocre, que nunca acomete nada por si va a salir mal lo que se proponga: no. El prudente pone todos los medios para acometer empresas audaces, que muchas veces lo superan. Por eso los santos siempre han sido prudentes.
Hay que estar preparados y ser prudentes. Pero sin olvidar que la prudencia es, según Aristóteles, "un hábito por el que el entendimiento determina lo que hay que hacer para conseguir el bien". El prudente no es un mediocre, que nunca acomete nada por si va a salir mal lo que se proponga: no. El prudente pone todos los medios para acometer empresas audaces, que muchas veces lo superan. Por eso los santos siempre han sido prudentes.
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