viernes, 31 de mayo de 2013

Lo que no se ve

No se ve, que detrás de esa buena comida, ha estado tu madre un montón de tiempo pensando y trabajando para que todo estuviera perfecto.
No se ve, que detrás de ese plan perfecto que ha salido, hay muchas renuncias de unos y de otros para que lo pasaras en grande.
No se ve, que detrás de ese consejo oportuno que te dan, hay buenos ratos de oración y sacrificios ofrecidos por ti, pensando en cómo ayudarte, en cómo echarte una mano.
No se ve, que en ese gracias sincero que recibes, hay un deseo grande de hacerte feliz, que vale más que todo el oro del mundo.
A veces lo que no se ve es mucho mejor que lo que sale a la luz.

jueves, 30 de mayo de 2013

Poner los medios

... para conseguir lo que nos proponemos, que en este caso entiendo que es ver la final de la Champions.
Pero en el nuestro es aprovechar esta fiesta del Corpus para tratar mejor al Señor en la Eucaristía, por ejemplo.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Benditos bares

Hay un bar cerca de mi casa, donde he quedado dos veces con un buen amigo. Se llamaba "Entre jamones",  porque ha cambiado de nombre, y ahora nosotros lo llamamos "Entre sacramentos". No es una irreverencia sino el recuerdo de los mejores momentos que hemos disfrutado tomando una cerveza fría, o más bien dos.
En la primera me confesó su inquietud por la fe, y tomó la decisión de bautizarse poco después. Así lo hizo hace un par de meses y aquí lo contamos.
En la segunda preparamos la ceremonia del matrimonio que celebraremos este sábado.
Espero que antes del bautizo del primer niño me invite a unas cuantas cervezas más, porque las patatas fritas que sirven... ¡están buenísimas!

martes, 28 de mayo de 2013

Una carta de una Antigua Alumna que da que pensar

La transcribo tal cual, porque no tiene desperdicio.

"Me da la impresión de que a la gente siempre le ha dado miedo el hospital. Parece ser que cuando estos edificios son pronunciados, “muerte”, “tristeza” o “angustia” son las palabras que primeramente nos vienen a la cabeza. Jamás oí comentar la alegría que ocasionaba ir a visitar al familiar ingresado o amigo operado.  Yo me imagino que más de uno siente una sensación escalofriante tras pasar las puertas principales. Desde luego eso sentía yo cuando iba a visitar a mi padre , pero en fin, tres meses trabajando allí… han cambiado el concepto que yo tenía sobre esta albergue de enfermos, que os voy a contar.

“¡Señorita, seriedad! ¿O acaso no se da cuenta de que estamos en un hospital?” ¡Cuántas veces pude oír esa frase durante mis días de prácticas como estudiante de enfermería! ¡Claro que me daba cuenta hombre! Aún no había perdido el sentido de la orientación como le sucedía a la mayoría de mis pacientes ancianos. Pero si por seriedad entendían trabajar cómo máquinas y abandonar la habitación con la misma expresión facial con la que se entró…entonces ¡el hospital está perdido! ¡El mundo entero está perdido y comprendería perfectamente hospital como sinónimo de tristeza y angustia!
Naturalmente, los del personal sanitario (ATS, médicos, enfermeras, celadores…)ejercen profesiones serias, pues al fin y al cabo tratan con lo más preciado que hay “el hombre” y claro… yo creo que no es ninguna tontería, porque o lo cuidamos como se merece o esta sociedad se va al garete. Pero… ¿No existe alegría en la seriedad? ¿Acaso los enfermos no son dignos de la risa? ¿No merecen disfrutar de nuestro buen humor? La verdad, yo sí que me reía con el paralítico, con el sordo, que le gritabas cualquier cosa y sólo sabía asentir, con el mejicano aquel, que tenía el pie como una patata por una diabetes mal cuidada… y nos reíamos porque mejor era hacerle ver una amputación con gracia que sin ella.
Desgraciadamente al convertirse el trabajo en algo tan monótono ya ni nos damos cuenta de las novedades y como cada día sigue la misma rutina ignoramos que algo inesperado pueda suceder. Y así ocurre en el hospital cuando damos por hecho que todos los pacientes son iguales y que sólo difieren en una enfermedad o lo que es peor, ¡en un número de cama! Incluso hay días que nuestra cara no cambia… “Estos pacientes se van a pensar que hemos tenido un accidente y nuestro rostro se ha quedado así de por vida” pensaba yo. A mí visto así me parece un rollo claro. Desde luego no empecé a estudiar esta carrera por el placer que me causaba pinchar, tomar tensiones o aún peor, poner sondas.  A mi parecer, esta profesión tiene algo valiosísimo aparte de los grandes conocimientos científicos que me enseñan en la facultad cada día, y es el trato humano. Me resultó lo más atractivo y sin duda alguna la mejor de las mejores profesiones. Y cómo es la que más se acerca a la persona humana es nuestro deber (bueno el de los que ya son enfermeras, médicos, celadores y toda la panda) convertir el hospital en un lugar alegre donde las sonrisas traspasen la puerta principal.
Me voy a encontrar en mi vida todo tipo de pacientes, y en apenas tres meses he tenido suficiente tiempo para descubrirlo.  Los había alegres, simpáticos, juerguistas, guarrindongos, despistados,  desagradables, con dolores insoportables que no paraban de quejarse, llorones, refunfuñones , depresivos etc... Pero si no soy yo, ¿quién enterrará la depresión de los tristes o el dolor del hipocondríaco? La mayoría de los familiares como es natural y comprensible, deambulan por los pasillos derramando lágrimas de desesperación  y temor a lo peor hasta tal punto, que hay que medicarles antes a ellos que al propio paciente. Y cuando el enfermo optimista y enamorado de la vida, que estaba a punto de marcharse al otro lado, consolaba a su mujer, padre o hijos… ¡me parecía emocionante! ¡Eso es lo que necesitamos! ¡Enamorarnos de la vida y del trabajo! Hacernos personas serias en el buen humor y saber cuidar. Saber que les duele cuando les pinchan, saber que agradecen un “¡buenos días fulanito!” o saber que así como se bajan pacientes sanos del tren suben otros más enfermitos con diferencias que no podemos ignorar.
Y así me despido, con un gran entusiasmo por mi carrera, lo bonita que es y lo tanto que abarca. Y cómo no aprendamos a tratar con buen humor el día a día y los problemas que envuelven constantemente a la sociedad, difícilmente ejerceremos bien esta profesión. Estoy cien por cien segura".

lunes, 27 de mayo de 2013

No hagas caso a todo lo que te digan...

Lo de las ocho horas de sueño, ocho de trabajo y ocho de ocio... hasta cierto punto. Porque la pregunta del millón es: ¿donde metemos a Dios?
He leído hoy y no se muy bien donde, esta expresión que me ha parecido muy fuerte: ¡hazle un sitio a Dios en tu vida!
Que Dios tenga que pedirnos que le hagamos un hueco.... fuerte, fuerte